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México es un país delirante para el viajero. Rico en sabores, historia, cultura y atractivos naturales. En la esquina del noroeste, existe un destino especialmente diseñado para los amantes de la buena mesa: Baja California, o como suelen llamarle cariñosamente los locales, La Baja.

La Baja es un diverso y extenso territorio que ofrece a los viajeros una multiplicidad de experiencias. Desde la riqueza creativa de Tijuana, hermosos paisajes desérticos en el Valle de los Gigantes, en San Felipe; relajantes avistamientos de Ballenas Jorobados en Ensenada, hasta los espléndidos viñedos de la Ruta del Vino a los que el chef Anthony Bourdain se refirió como la “pequeña toscana”.

El boom que ha experimentado Baja California tiene mucho que ver con la expansión de su propuesta gastronómica contemporánea. Son pioneros de la cerveza artesanal nacional, productores del 90% del vino mexicano y precursores del movimiento de gastronomía urbana gracias a los food trucks y los patios gastronómicos.

Todo esto ha creado una identidad propia de sabores, los cuales han conquistado el paladar de turistas y especializados críticos del mundo, así como ha traspasado las fronteras.

Nuestro itinerario inicia en la ciudad más poblada de Baja California, Tijuana; continúa desplazándose 98 kilómetros al sur bordeando la costa Pacífica, en la tierra de los pescadores, Ensenada; y finaliza con la Ruta del Vino por el valle de Ensenada.

Tijuana makes me happy

Desde el 2017, el New York Times ubicó a Tijuana en la octava posición de los 52 mejores destinos para viajar por el mundo, anunciando el resurgimiento de la ciudad y explicando que, sin duda, “es un diamante en bruto” que debes incluir en tu viaje por México.

Un referente obligado para los sibaritas es conocer alguno de los seis restaurantes en Baja California del reconocido chef tijuanense Javier Plascencia, uno de los responsables de la internacionalización de la nueva cocina de La Baja en el mundo.

Erizo Baja Fish House & Market es uno de sus conceptos casuales, en donde podrás descubrir la esencia de su cocina: texturas, aromas de leña y carbón, sabores fuertes de mar y tierra, respeto por los productos de temporada y trabajo cercano con proveedores locales.

En Erizo, encontrarás una muestra de todo lo que te espera en el viaje por La Baja: Tacos de pescado y mariscos, ostras y almejas, cerveza artesanal y vino mexicano. Sin duda alguna, una gran forma de comenzar el itinerario.

Uno de los platos icónicos de Erizo, es el Taco de la Jefa, un taco de cubierta dura, relleno de pulpo a la parrilla, hongos, pesto y queso de cabra. Pero si tu obsesión son los productos frescos del mar, la sugerencia es experimentar con la Tostada Cruda, una combinación dulce y crujiente que es un bocado del océano gracias a la mezcla de pescado blanco, mayonesa de chipotle, aguacate y un toque de algas marinas.

[Fotos: Erizo via Facebook]

La vida tijuanense nocturna se ha reactivado gracias a la iniciativa de jóvenes talentos como los que se reúnen en el Colectivo 9, un oasis escondido en medio de la fiesta del centro en la Av. Revolución. Allí podrás encontrar diversas propuestas de cocina japonesa, italiana y hamburguesas; en total nueve conceptos que hacen justicia a la gastronomía urbana que identifica Tijuana.

Tras este primer acercamiento a las propuestas de cocina contemporánea de La Baja, estamos listos para seguir el itinerario en Ensenada y disfrutar de los platillos tradicionales de la península.

 De Ensenada para el mundo

No has llegado a Ensenada y su brisa del mar ya te tiene atrapado. Para descubrir todo su esplendor debes viajar por una de las autopistas más escénicas del país, la carretera Tijuana- Ensenada, bordeando el mar Pacífico.

[Foto izquierda: Michael Boyd/Wikimedia Commons. Foto derecha: Isaacmoon/Wikimedia Commons]

Ensenada es uno de los puertos pesqueros más importantes del país, donde además de la vista, disfrutarás de la comida más fresca y sofisticada 100% callejera. En cada esquina verás un puesto de comida o carreta con ingredientes frescos, de calidad internacional. De hecho, caminando por la Av. Juárez en el centro de la ciudad, conocerás las carretas más famosas de Ensenada.

Considerando que el taco es el principal embajador de La Baja en el mundo, nuestra primera parada es en los Tacos Mi Ranchito El Fenix. Un puesto de comida con 50 años de tradición familiar que ofrece tacos de pescado rebozado.

Muchas personas afirman que el secreto del éxito del lugar es el capeado que lleva cerveza, sin embargo, los propietarios se rehúsan a revelarlo. Lo único que sabemos es que su fritura tiene un punto de sal perfecto y va acompañado con tortillas de harina hechas a mano, salsas, crema y verduras.

La segunda parada, casi que obligatoria, es en La Guerrerense, el puesto comandado por Sabina Bandera, que hoy ya cuenta con establecidos restaurantes en Ensenada y Ciudad de México. Este lugar ha sido avalado por reconocidos chefs como Anthony Bourdain, el congreso de Street Food en Singapur o la competencia de Exotic Foods de National Geographic.

La Guerrerense ofrece 14 tipos de ceviche, entre los que se destaca la tostada de almeja y erizo, el paté de pescado con callo de hacha o el ceviche de pescado con mango. Además del sabor de los ingredientes, las salsas brillan por su variedad. No dejes de probar la salsa de cacahuate con nuez, almendra, ajo, aceite de oliva y chiles. A pesar de las largas filas, el servicio es muy rápido y vale totalmente la pena los minutos de espera.

A sólo una cuadra de distancia están los Mariscos El Guero, reconocidos por la abundancia y frescura de sus preparaciones. Allí brilla la tostada de ceviche con camarón o pescado. Pero, sin duda, el atractivo principal son las ostras y almejas, las cuales puedes elegir para que sean preparadas en el momento.

La Ruta del Vino

Para conocer el Valle de Ensenada existen diversas rutas del vino. La zona norte alberga los Valles de Guadalupe, Calafia y San Antonio de las Minas, donde se encuentra el 80% de los viñedos de la región; en la zona sur, encontrarás el Valle de San Vicente y Ojos Negros, con algunos de los viñedos más antiguos del país.

[Foto: Julio Rodriguez/Wikimedia Commons]

En estos recorridos podrás conocer el proceso de elaboración de los vinos, recorrer los viñedos y las áreas de almacenamiento de barricas, además de disfrutar catas y maridajes de la mano de expertos.

Una de las formas más fáciles de desplazarse por el Valle es alojarse en Ensenada o recurrir a los hoteles boutique de los viñedos, también existen alternativas menos convencionales, como los campamentos de lujo gampling y trailers adaptados para huéspedes.

En el valle existen por lo menos noventa casas vitivinícolas, por lo que es recomendable visitar un máximo de tres viñedos al día y disfrutar con tranquilidad la experiencia.

La primera parada de este recorrido será en el Mogor Badán, el rancho y reconocido restaurante de Drew Deckman. Desde el 2012 las puertas de este lugar no han cerrado y lo que empezó como un proyecto pop-up se estableció como una de las cocinas de autor, farm to table, más visitadas de la zona. Allí goza de gran prestigio: la codorniz de granja en puré de zanahoria con jengibre, ceniza de ajo y chile, el tiradito de jurel y el postre de limón con helado de algarrobo.

[Fotos: Mogor Badan via Facebook]

La segunda parada es la hacienda de los vinos La Lomita, una bodega liderada por Fernando Pérez Castro que mantiene una ferviente tradición familiar. Éste lugar se complementa con la propuesta culinaria de una de las chefs promesa de la gastronomía mexicana, Sheyla Alvarado, quien está a cargo del restaurante Tras Lomita. Allí podrás encontrar el delicado sabor del Valle de Guadalupe conjugado con la influencia de la cocina sonorense, lugar de origen de la chef.

El final ideal de este recorrido por Ensenada es en uno de los desarrollos arquitectónicos más imponentes del Valle, Cuatro Cuatros en la bahía de Salsipuedes.

Cuatro Cuatros ofrece a los turistas una espectacular vista en la enorme plataforma del Bar Bura, la cual reposa sobre un barranco que divide el mar del desierto. Allí podrás disfrutar de una copa de vino de la vinícola del mismo nombre, mixología o platos típicos como el aguachile (camarón fresco en limón y chile, con tiras de cebolla y pepino) mientras contemplas uno de los atardeceres más bellos frente al mar.

 


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