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¿Es la máscara?

Yo misma me he hecho esta pregunta durante años con el fin de intentar entender mi fascinación por la esgrima, un deporte que jamás he practicado ni visto practicar en persona. Y si realmente es la máscara, ¿se debe al misterio que encierra? ¿Es el hecho de que tras ella se esconde una persona misteriosa con un arma en la mano  y yo no puedo ni tan solo intuir sus intenciones? ¿O quizás sea el contraste entre el blanco y el negro de la indumentaria?

¿O quizás sea la velocidad? Si no fuera por las repeticiones a cámara lenta, esta ocasional espectadora olímpica jamás llegaría a distinguir quién hizo qué ni cuándo. ¿A quién no le gustaría ir tan rápido? A veces me pregunto si podría aprender a practicarlo y aplicarlo a otros aspectos de mi vida. ¿Me ayudaría a ser más rápida y más fuerte? ¿Podría ayudarme a intentar esquivar los golpes que te da la vida? Así que un buen día de otoño me dispuse a probarlo.

Lo que más me sorprende de mi maître d’armes, es decir el entrenador de esgrima, después de conocerlo por primera vez es su elegancia, su postura, su… grandeur. Luce una postura recta y llena de autoconfianza que emana autoridad. No soy capaz de decir ni señalar qué es exactamente, pero sé que deseo seguirlo.

Fiel a su comportamiento, me explica que lo más importante en su sala de entreno es el respeto. Los niños no tienen permiso para correr por todas partes, gritar demasiado u olvidarse de saludar a los demás cuando llegan. Asumo que es una necesidad, ya que el deporte implica el uso de armas, por mucho que ninguna de ellas esté afilada, pero al mismo tiempo también me doy cuenta de que hay otros motivos.

Después del calentamiento y de practicar mi coordinación y mi velocidad de pegada (con mis propias manos) en un objetivo de esgrima electrónico, llega el momento de tomar el arma. Siento mariposas en el estómago. Estoy a punto de usar una espada, el arma de esgrima más fácil de usar para los adultos que empiezan a practicar. De hecho, en la esgrima se usan tres tipos de espadas diferentes a partir de las cuales se crean tres disciplinas también diferentes:

Florete

El objetivo de los esgrimistas de florete es tocar con la punta de su espada la parte superior del cuerpo del contrincante, lo cual no incluye ni los brazos ni el cuello. Esta es el arma más pequeña de las tres (máximo 500 gramos) y la que usan los niños cuando empiezan. Para identificar rápidamente a los esgrimistas de florete, fíjate en si llevan un chaleco eléctricamente conductivo llamado lamé.

Sable

El objetivo de los esgrimistas de sable es tocar cualquier parte del cuerpo por encima de la cintura con cualquier parte de la espada, lo que conduce a presenciar combates espectacularmente rápidos caracterizados por movimientos cortados, en lugar de los movimientos más lentos y caracterizados por toques muy técnicos en dirección hacia delante que realizan los esgrimistas de florete y espada. El sable es tan ligero como el florete (con 500 gramos). Para identificar rápidamente a los esgrimistas de sable, fíjate en si llevan un lamé que les cubre el pecho y los brazos, en vez del lamé en forma de chaleco que usan los esgrimistas de florete.

Espada

El objetivo de los esgrimistas de espada es tocar cualquier parte del cuerpo de su contrincante con la punta de la espada. La espada es el arma más pesada de las tres (máximo 750 gramos) y es también la que tiene el mango de mayor tamaño que incluye una protección en forma de campana, que es totalmente necesaria porque la mano misma también es un objetivo. Para identificar rápidamente a los esgrimistas de espada, fíjate en su uniforme totalmente de color blanco.

Después de familiarizarme con el arma, ha llegado el momento de ponerme el uniforme de esgrimista. Los clubs de esgrima alquilan a sus miembros todo el equipo necesario, por lo que los principiantes no tienen que preocuparse de comprarlo. Todo lo que necesitas para practicar la esgrima es un par de zapatillas, ropa de deporte para realizar el calentamiento y, posiblemente también, una camiseta interior y unos pantalones cortos para llevar debajo del uniforme (aviso: sudarás). Tardo un rato en ponerme todo el uniforme, pero una vez que estoy lista me siento realmente fantástica.

Ahora que estoy bien equipada, llega el momento de entrenar mi postura. Un pie adelantado, el otro atrasado y formando un ángulo de 90°, la cabeza recta hacia arriba, y entonces aprendo a embestir. Tengo que repetir este movimiento una vez tras otra hasta que soy capaz de reproducirlo correctamente; a estas alturas, la velocidad queda aparcada, por lo cual empiezo a sentir cierta impaciencia. Aprendo a sujetar la espada apuntando ligeramente hacia abajo, a la vez que abro un poco el brazo hacia afuera para esquivar los toques que lleguen.  Al principio, el orden en que debo mover los pies es de todo menos natural, pero aun así rápidamente me doy cuenta de que es necesario hacerlo así para no perder el equilibrio.

Por fin estoy lista para empezar de verdad. Debo decir que el esfuerzo ha merecido la pena. Oigo por primera vez mi primer “En garde!” con el inmenso privilegio de que lo haya pronunciado el maître d’armes y antiguo entrenador olímpico francés Maurice Pizay. Sin saber muy bien cómo, consigo no derretirme de la emoción, aunque tras la máscara mi rostro dibuja una sonrisa de oreja a oreja.  El Maître Pizay me enseña cómo atacar y cómo esquivar, lentamente y  una vez tras otra con grandes dosis de paciencia. No es fácil porque hay muchas cosas a las que debo prestar atención, la mayoría de ellas con relación a mi propio cuerpo. La práctica de este deporte es interesante y encierra cierta profundidad, por lo cual dejo la sala de entreno muy emocionada.

En la segunda sesión de entreno, me lanzo al cuadrilátero a competir contra otros esgrimistas. Mi primer combate es contra un adolescente inseguro que, como era de esperar, acaba destrozándome, aunque el combate me ayuda mucho a darme cuenta de todos los aspectos a los que debo prestar atención. Mi postura, el orden en que debo mover los pies, dónde debo atacar, qué hace mi oponente y cómo voy a esquivar su movimiento. A continuación también me doy cuenta de varias cosas relacionadas con la esgrima que, sin lugar a dudas y en última instancia, harían que acabase totalmente enamorada de este deporte.

[Foto: Qrodo Photos/Flickr]

En primer lugar, no te equivoques: este es un deporte de combate. Eso significa que uno no puede dudar. No tengo que solo moverme, sino que debo atacar constantemente. Y no es lo mismo que atacar como en el baloncesto o en el fútbol.  Es una lucha física y la mayoría de gente, simplemente, no está acostumbrada a ello. En mi caso, como mínimo me resulta incómodo. Aun así, una vez que consigo atacar, me siento orgullosa y fuerte. Tengo el control, estoy luchando, y no hay lugar para el miedo.

En segundo lugar, la esgrima me absorbe a muchos niveles diferentes porque, cuando combates, no puedes pensar en nada más. Los problemas familiares y de trabajo desaparecen por completo. El esfuerzo me lleva a darlo todo: cuerpo, alma e incluso la intuición se tensa al máximo.  Uno no tiene literalmente la capacidad de pensar ni preocuparse por nada más. La esgrima es una forma de meditación activa para el hombre y la mujer modernos en la que, al final, reunificamos el cuerpo con la mente y los usamos conjuntamente para centrarnos en el momento presente. Tras mis sesiones de entreno me sentí profundamente relajada. Si el yoga me falló, el esgrima no.

Principalmente, me di cuenta de que este deporte tiene una gracia especial. Proviene de un tiempo en el que el honor, la templanza y el respeto eran fundamentales, incluso en la lucha. El esgrimista debe saludar a su oponente, ponerse en posiciones concretas y evitar darle la espalda a cualquier precio (hay tarjeta amarilla por la ofensa). Mis movimientos y mis modales son el resultado de cientos de años de historia y deben ser ligeros y elegantes. Sí, todo gira alrededor del respeto, por el arte mismo en sí y por la larga tradición que nos precede. La esgrima es un auténtico deporte de ‘señores’ y tener la oportunidad de conocerlo de cerca fue todo un honor para mí. Solo puedo recomendarte que lo pruebes. En garde!

Un especial agradecimiento al Maître d’ Armes Maurice Pizay, la Presidenta Isabelle Deville y a todo el equipo del Cercle Escrime Sud de Esch-sur-Alzette, Luxemburgo.

[Fotos arriba: Livia Formisani]


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