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Muy pocos diseñadores pueden decir que han dominado tanto la forma como la funcionalidad, como lo hizo Achille Castiglioni. Y todavía menos diseñadores pueden decir que han creado diseños icónicos que no solo son clásicos de los museos más prestigiosos del mundo sino que, además, han sido tan celebrados universalmente que – tal y como sucede con su lámpara Arco – han llegado a estar presentes en un 10% de todos los hogares de Italia.

Esta cualidad hace referencia al atractivo atemporal que describe la obra del maestro milanés. Mientras que la seducción que generan otros nombres del diseño tiende a fluctuar con los caprichos de las actuales tendencias del diseño. El valor del trabajo de Castiglioni, no obstante, es más constante y sitúa su obra a gran distancia de las últimas novedades. La razón es sencilla: mientras que algunos diseñadores se centran en el diseño en sí, Castiglioni mantuvo su compromiso con un diseño que es capaz de ofrecer más que mero diseño, es decir, que tuviera y que añadiera significado y valor a los espacios en los que tenía que existir.

IL MAESTRO

Uno no tarda mucho en darse cuenta de que Achille Castiglioni era una persona muy diferente. Aquella época que él vivió, en la que ‘Il maestro’ intentaba sin descanso cambiar la forma del mundo que lo rodeaba, es comparable a nuestra era de celebridades de Internet y miles de personas consiguiendo millones de clics gracias a sus opiniones tan mundanas como banales.

Una mirada rápida a estas imágenes de archivo disponibles en YouTube es suficiente para ser conscientes del desconcierto que generó el efervescente Castiglioni cuando subió al escenario durante la Conferencia Internacional de Diseño que se celebró en Aspen, Colorado, en 1989. Delante de emprendedores y personalidades del campo de la arquitectura y el diseño industrial, este diseñador de mediana edad no se limitó a describir sus creaciones de una manera ordenada y previsible, sino que desmanteló y re-ensambló la totalidad del escenario que lo rodeaba. No se trató de un espectáculo de magia en la que el mago sacaba conejos del sombrero, sino simplemente de un genio incansable e inspirado en plena acción.

Hoy, Castiglioni está considerado como uno de los diseñadores más influyentes del último siglo, cuyas obras son tan icónicas que se exponen en las colecciones permanentes de los museos más importantes de todo el mundo, como el MoMA de Nueva York o el Triennale di Milano.  Además de haber vivido una vida repleta de logros destacables, fue principalmente su experimentación con la iluminación y la provechosa cooperación con la compañía FLOS que llevó a los Castiglione, tanto a Achile como a su hermano y más estrecho colaborador hasta su muerte en 1968 Pier Giacomo, a dar los primeros pasos en el mudo del diseño y lo que los ayudó a hacer realidad auténticas obras de arte como el Luminador (1954), el innovador Toio (hecho en 1962 con el faro de 300 vatios de un automóvil) y, por supuesto, la icónica lámpara Arco (1962).

LA ANATOMÍA DE UN DISEÑO CLÁSICO

La lámpara Arco es un modelo de utilidad y usabilidad. Se trata de una lámpara de pie especialmente diseñada para proyectar luz sobre una mesa situada justo debajo de la lámpara. No obstante, existen tres sencillos componentes que sustancian el concepto: un brazo arqueado telescópico pivotante, cuya línea curvada finaliza con un cabezal en forma de flor que contiene una bombilla que proyecta luz directa e indirecta, todo ello contrarrestado por un bloque de mármol de Carrara de 65 kg que hace de base.

El diseño está pensado hasta el más mínimo detalle y nada es superfluo, ni la curva de la tija de acero inoxidable, que hace dos metros desde la base a la mesa y ofrece una amplia gama de movimiento a la lámpara basculante, ni la decisión de optar por el mármol como la manera más económica y práctica de construir la lámpara sobre un fundamento lo suficientemente pesado. Incluso el orificio situado en la base fue planificado para realizar una función clave, permitiendo que dos personas con fuerza pudieran transportar la base de manera cómoda con la ayuda del mango de una escoba o colocando un rodillo delgado a través del mismo orificio.

La belleza inherente de este producto pasa casi desapercibida, ya que todos los detalles que lo componen han sido diseñados para cumplir una función concreta. La obstinación de Castiglioni con llegar hasta el núcleo más esencial de un objeto fue probablemente una de las razones por las cuales la lámpara esté ahora protegida por copyright, una premiada distinción otorgada a muy pocos objetos de diseño que han sido capaces de demostrar «un carácter evocador y representativo consolidado y permanente».

En el centenario de su nacimiento, hemos hablado con su hija más joven, Giovanna, que hoy ocupa uno de los asientos de dirección de la Fondazione Castiglioni. Basado en el antiguo estudio que el diseñador tenía en la Piazza Castello de Milán, hoy el museo atrae a miles de visitantes anualmente.

AMEX ESSENTIALS: ¿Cuál fue la chispa que inspiró la creación de la lámpara Arco?


GIOVANNA CASTIGLIONI: Las farolas de las aceras de París, con sus polos curvados, iluminando las calles. Los hermanos Castiglioni, tanto Pier Giacomo como Achille, se enamoraron de este concepto y decidieron trasladarlo a los hogares. Tuvieron la suerte de encontrar la empresa Flos y su iluminado emprendedor, Sergio Gandini, que ya por aquel entonces creyó en este atrevido objeto. Era el año 1962.

Si lo miramos con perspectiva, ¿dirías que eran más bien visionarios o quizás más bien temerarios?

Yo diría que una mezcla de las dos cosas. El simple hecho de poder echar un vistazo a su alrededor y decidir que agarrarían la ortiga del cambio radical, y entonces sacudir el interior de un hogar que en los años 60 tenía lámparas de araña fijas en el techo, era dar un paso muy atrevido. Al diseñar este arco basculante, se aseguraron de que la luz continuaba proyectándose desde arriba, a la vez que hacían un guiño a la rebelión, deconstruyendo la lámpara clásica de techo de los hogares burgueses de la época.

Aunque la lámpara Arco era adecuada para colocarse sobre una butaca a fin de facilitar la lectura, tu padre estaba dispuesto a formular objeciones a ese uso indebido de la lámpara. ¿Podrías explicarnos por qué?

Bueno, he intentado clarificar muy bien este punto con el enfoque «aprender de manera práctica» en mis conferencias, tal y como mi padre también solía hacer. Invito a personas a sentarse en un sofá o una butaca junto a la lámpara Arco (siempre escojo al caballero más alto) y, a continuación, les pido que se pongan de pie. ¡No hace falta decir que siempre se golpean la cabeza con la lámpara! Esto sirve para clarificar que la lámpara Arco fue especialmente diseñada para proyectar luz sobre una mesa y a la vez disponer del espacio suficiente para moverse cómodamente alrededor de ella. Había una histórica foto publicitaria en la que se mostraba a un hombre sentado en una mesa y una mujer pasando entre la silla donde él estaba sentado y la lámpara Arco.

Ahí donde no hay uso no puede haber belleza.

Profesionalmente hablando, ¿qué es lo que más te sorprendió de tu padre?

Lo que más me sorprendió cuando me hice cargo del estudio fue que organizaba reuniones con comerciantes porque creía que fuera quien fuera que vendiera el artículo, debía saber lo que está vendiendo. Achille consideraba que eso era incluso más importante que el marketing básico, porque la gente cuenta y las tiendas venden. Al final decía que cuando te llevas a casa un objeto o un mueble concreto, ya sabes lo que has comprado, te sientes unido a él, y este te hace compañía. La gente tiene que comprar diseño para usarlo, ¡es extremadamente caro! Si compras un sofá, es porque deseas tumbarte en él, y si el gato lo araña con las uñas, pues bueno, no pasa nada.

¿Y cuál es la cualidad personal que más admirabas de tu padre?

Sin duda, su curiosidad. Una de sus citas más famosas es: «Si no sientes curiosidad, olvídate. Si no te preocupas por los demás, lo que hacen y cómo trabajan, entonces diseñar no es para ti». Esto no solo hace referencia a la curiosidad, lo que te permite prestar atención a los detalles, incluso a los detalles más anónimos, en un mundo en el que estamos constantemente siendo bombardeados por información y más información; sino que también se refiere a la dicotomía forma-función, porque en cuanto tienes una idea para un objeto que puede mejorar la vida de todo el mundo en términos de practicidad, la forma vendrá sola.

¿Había alguna diferencia entre el Achille público y el Achille privado?

En absoluto. Era simplemente él, tal cual, espontáneo y honesto, sin filtros. Cada vez que alguien venía a visitarlo al estudio y llamaba al timbre, él mismo abría la puerta y decía «Mire, estoy trabajando, vuelva más tarde» o bien «Adelante, tengo dos objetos anónimos que acabo de recibir, y estaré encantado de enseñárselos».

Lo bueno es que coleccionó tal cantidad de objetos que todavía estamos intentando ordenarlos cada día, especialmente este año con las celebraciones del centenario y todas las exposiciones que hemos planificado. Creemos que, es justamente a través de estos objetos, que podemos conocerlo mejor. Continuamos escaneando sus gráficos y hemos estado trabajando en una exposición que se llamará 100×100 Achille, en la que hemos pedido a algunos de los diseñadores más importantes de hoy que piensen en un objeto anónimo que les hubiera gustado regalar a mi padre por su 100 cumpleaños.

¿Existen diseños a los que tu padre se sintiera especialmente unido?

Sí, y justamente fue del que estaba más orgulloso: el interruptor de luz que diseñó en 1968 para VLM, el cual corta la corriente eléctrica y puede aplicarse a cualquier tipo de cable. Gracias a esa intuición aparentemente sin importancia, mi padre consiguió entrar en todos los hogares del mundo. Todo el mundo está en deuda con Castiglioni, ¡pero nadie es consciente de ello!

¿Quién se encarga de la Fundación Castiglioni? 

Mi hermano Carlo y yo, junto con la histórica colaboradora Antonella Gornati, la cual trabajó con mi padre durante mucho tiempo. Nosotros tomamos el relevo y continuaremos trabajando con intensidad en su archivo, además de planificar actividades para los visitantes más curiosos.  40 años de historia [de diseño] deben contar, y todavía hay muchas más cosas que contar. Tenemos la esperanza de que esta historia se pueda seguir contando, incluso después de que nosotros también nos hayamos marchado. Si el futuro se construye sobre sólidos fundamentos, nuestra función es la de proporcionar precisamente esos sólidos fundamentos. Explicamos la historia para que otros puedan construir el futuro.

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