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El consenso entre los científicos está claro: el cambio climático es real y será una amenaza cada vez más peligrosa en las próximas décadas. La dimensión de su impacto continúa siendo una incógnita. No obstante, lo que cada vez parece estar más claro es que necesitaremos de una ingeniería ingeniosa, así como de soluciones científicas y de diseño en un gran número, sino todas, las áreas de la existencia humana.

Una de las cuestiones fundamentales está relacionada con dónde y cómo vivimos. Con una población de casi 2500 millones de personas viviendo en regiones costeras de todo el mundo, el peligro que supone el aumento del nivel del mar es realmente grave. A menudo la amenaza sobrepasa la auténtica preocupación relativa a la erosión costera o a la inundación de los humedales. En algunos casos, eso implica la completa destrucción de hábitats en su totalidad. Muchos países que son islas podrían simplemente desaparecer del mapa y quedar, literalmente, sumergidos.

En este contexto, los arquitectos más visionarios están empezando a desarrollar serios conceptos que, en su día, fueron menospreciados por ser poco más que visiones utópicas o, aún peor, cosas de la ciencia ficción. El danés Bjarke Ingels es una prominente figura en este caso. Ya ampliamente reconocido como uno de los líderes de la innovación arquitectónica, Ingels suele ser apodado con nombres tales como ‘el Elon Musk de la arquitectura’, y sospechamos que, a su vez, Musk estaría igualmente encantado de ser llamado ‘el Bjarke Ingels de la movilidad’.

Ingels presentó recientemente en la «Mesa redonda sobre ciudades flotantes sostenibles» de las Naciones Unidas en Nueva York su concepto de comunidad flotante, a la que él mismo llama Ciudad Oceanix. Esencialmente se trata de casas flotantes que se transforman a una nueva pero más drástica escala: módulos gigantes de islas hexagonales que podrían albergar hasta 300 residentes cada una.

«Nueve de cada diez ciudades del mundo estarán expuestas a la subida del nivel del mar en 2050», explica Ingels. «El mar es nuestro destino, y también puede ser nuestro futuro… La primera comunidad flotante sostenible y auto sostenible, la Ciudad Oceanix, se ha diseñado a modo de ecosistema de construcción humana, con capacidad para canalizar los flujos circulares de energía, agua, alimentación y residuos».

Ingels y su práctica arquitectónica, BIG, ven la Ciudad Oceanix como un prototipo para una metrópolis marítima modular en línea con los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU.

Ingels está convencido tanto de la solución como de su importancia: “Puede crecer, transformarse y adaptarse orgánicamente con el paso del tiempo, evolucionando y pasar de ser un barrio de 300 residentes a una ciudad de 10 mil, con la posibilidad de escalar indefinidamente y ofrecer prósperas comunidades náuticas para personas que se preocupan por los demás y por nuestro planeta.”

Descubre aquí más acerca de la visión de Ingels sobre ciudades flotantes y otras cosas.

Imágenes vía big.dk, cortesía de BIG – Bjarke Ingels Group


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