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La etiqueta del cine convencional dicta que, durante la proyección de la película, deberías estar tan quieto y callado como te fuera posible. No obstante, el cambiante panorama del cine está empezando a dar pie a un nuevo fenómeno: las proyecciones de películas orientadas para que la audiencia pueda cantar la banda sonora.

Aunque la idea de cantar todos juntos en una película no es algo nuevo, el concepto de proyecciones organizadas y avaladas por los estudios cinematográficos para cantar todos a una ha ganado amplia popularidad en las salas de cine de todo el mundo, especialmente ahora que la industria intenta innovar la experiencia de los cinéfilos en las salas de cine. Pero, ¿qué es lo que realmente está atrayendo a diferentes generaciones al cine y cómo está afectando eso a los tipos de películas que vemos en la gran pantalla?

El calentamiento

Dado que el concepto de proyecciones cinematográficas pensadas para que la audiencia cante a coro la banda sonora es algo muy orgánico, no debería sorprendernos que esto ya haya existido durante mucho tiempo. La diferencia, ahora, es que en el pasado este tipo de proyecciones organizadas tendían a ser eventos más de culto. El ejemplo más conocido es el de El show de terror de Rocky, el cual supuso el despertar de las proyecciones a las que los oyentes asistían disfrazados e interactuaban con la película en ciertos momentos de la trama, además de también cantar a coro durante la banda sonora.

Los eventos de esta naturaleza, pero más estructurados, empezaron a organizarse a finales de los años 90 en Londres. Los eventos “Sing-a-Long-a” (canta con nosotros) se vieron por primera vez en el LGBT Film Festival y se popularizaron en la famosa sala Prince Charles Cinema, que albergó proyecciones de Sonrisas y lágrimas y otros clásicos (que todavía duran hoy) con un éxito total de taquilla. Estos últimos años, no obstante, Hollywood se ha puesto las pilas. Los estudios cinematográficos que se han mostrado favorables a mejorar la experiencia cinéfila proyectarán o volverán a proyectar las películas con las letras de las canciones incrustadas como si se tratara de una máquina de karaoke.

La persona a quien hay que darle las gracias, o culpar dependiendo de cuál sea tu visión sobre el tema, no es otro que Zac Efron. El éxito de Chicago a principios de los años 2000 puso de moda los musicales en el cine, lo cual coincidió con el auge de Efron como ídolo juvenil. Su papel de Troy Bolton en la popular serie de películas High School Musical lo convirtieron en toda una estrella y lo llevaron incluso a formar parte del reparto del remake de John Waters, Hairspray.

La película fue todo un éxito, gracias tanto a la popularidad de Efron como al musical de Broadway en el que se basó. Los estudios cinematográficos aprovecharon la oportunidad y dos semanas más tarde lanzaron una versión especial para que la audiencia pudiera cantar las canciones a coro sin ser insultados ni ridiculizados por el resto del público. El estreno fue tan bien que repitieron al año siguiente con el nuevo éxito de Efron, High School Musical 3: SeniorYear, y con el musical de ABBA Mamma Mia!.Incluso el “high school musical” original, es decir, Grease, hizo lo mismo y lanzó una nueva versión para cantar en los cines de los EE. UU. en 2010.

Audiencias: Let It Go

No hay duda de que la película que puso todo esto de moda fue el éxito animado de Disney de 2013, Frozen. Además de ser una de las películas más populares de Disney de todos los tiempos, también contenía una banda sonora que los fans se aprendieron al pie de la letra. La popularidad de la película entre los diferentes miembros de toda la familia, y especialmente entre las niñas pequeñas, significó que los pequeños de la casa se acordaran de las canciones mucho después de haber visto la película y que los padres acabaran también memorizándolas después de tanto oírlas en casa.

Al final, la demanda por versiones para cantar fue tan evidente que en enero de 2014, dos meses después del estreno de la película, se estrenó Frozen: Sing-Along Edition en más de 2000 cines de los EE. UU. y otros países de todo el mundo. De pronto, las canciones que las niñas y los niños practicaban de camino al colegio o en casa pasaban a formar parte de una experiencia común, con copos de nieve animados cayendo del cielo. Esta era la gran oportunidad de experimentar la película de una forma nueva y diferente, y expresar tu entusiasmo con el resto de los fans.

Disney repetiría el mismo truco con la película Moana y el remake de La Bella y la Bestia en 2017. La ventaja de las películas de Disney es que las películas de dibujos animados se doblan de manera rutinaria para audiencias internacionales, es decir, que el «Let it go» puede disfrutarse en todo el mundo.

El poder de la canción

Al fin y al cabo, el caso es que los estudios cinematográficos vieron un gran potencial en aquellas películas que, por un lado no contaban con la adoración de la crítica, pero por el otro sí que ofrecían diversión en forma de banda sonora. Esto jamás se había hecho tan evidente como este año pasado.

Si hubiéramos hecho caso de la sabiduría convencional, el proyecto soñado de Hugh Jackman, The Greatest Showman, no tendría que haber sido un éxito. Esta especie de biografía de P. T.  Barnum, que se desvía excesivamente de los acontecimientos verídicos, tuvo problemas de producción importantes y tuvo una recepción más bien tibia entre la crítica.

Y aun así, las audiencias respondieron de manera muy diferente, en parte y principalmente debido a las increíbles actuaciones musicales escritas por el equipo de La La Land. De pronto, las imprecisiones de la historia dejan de importar y la banda sonora se convierte en el álbum más vendido del año.

En febrero de 2018, la película volvió a estrenarse pero esta vez en versión ‘singalong’ y, desde ese momento, muchos cines de todo el mundo no han dejado celebrar esporádicos eventos para poder cantar con la banda sonora de la película. Se podría decir que la película se ha convertido en un clásico moderno. ¡Hugh Jackman acabó incluso haciendo una gira de conciertos! Ese éxito se ha visto alentado por las proyecciones participativas en las que las audiencias pueden cantar a viva voz las canciones que les han rondado por la cabeza durante meses. De manera parecida, películas como Mamma Mia: Here We Go Again! han gozado de vida más allá de su estreno inicial y se han convertido en algo a medio camino entre una noche en el cine y un concierto.

El mismo Jackman asistió a una versión ‘singalong’ de The Greatest Showman en Londres, donde profesó su sorpresa ante el público durante la recepción de la película. «Jamás he formado parte de nada igual, ya que es la audiencia la que ha liderado el espectáculo y lo ha convertido en un éxito», dijo antes de abandonar el escenario y dejar que los focos iluminaran a la misma audiencia, que ya estaba preparada para empezar a cantar.

Es precisamente ese foco puesto sobre la audiencia lo que ha causado buena parte del éxito. “Vosotros, la audiencia, sois las estrellas del espectáculo,” dice en la cabecera del sitio web de Sing-a-Long-a, la compañía que organizó las primeras proyecciones de esta naturaleza en Londres y que ahora está realizando una gira por el mundo con varias producciones. «Es alegre, inclusivo, festivo, optimista y, simplemente, irresistiblemente divertido». También ha ido acompañado del aumento en popularidad de las proyecciones al aire libre durante los meses de verano, cuando los coros de voces suenas todavía mejor.

Una experiencia social

Lejos de simplemente ser algo artificial, las películas proyectadas para cantar con la banda sonora están ayudando a cambiar la experiencia cinemática. Mientras que las tendencias basadas en la tecnología, como el 3D, han demostrado ser caras e impopulares, este otro tipo de sencillas proyecciones interactivas han agregado un elemento social que en parte explica al aumento de asistencia que están experimentando los cines de todo el mundo últimamente.

En Japón, el distribuidor Toho adoptó un enfoque interactivo para el estreno de la biografía de Queen, Bohemian Rhapsody, en las salas de cine, inclinándose por las proyecciones singalong a las que la audiencia asistía disfrazada. El resultado fue la todavía mayor popularidad que consiguió tener la película. Es decir, que el invento funcionó y la película se ha convertido en algo así como una locura en todo el país, llegando a alcanzar unos ingresos de más de 100 millones de dólares, que es más de lo que recaudó en el país de origen de la cinta (el Reino Unido), permaneciendo entre las 5 primeras durante 13 semanas y convirtiéndose en el mayor estreno IMAX de la historia del país.

Como uno ya puede empezar a imaginarse, todo esto ha empezado a afectar a los tipos de películas que los estudios desean hacer en estos momentos. Elton John espera poder despertar el mismo nivel de implicación cuando su biografía, Rocketman, llegue a la gran pantalla este mismo año. Disney aprovechará algunos de sus clásicos y hará remakes de Aladdin y El Rey León, dos cintas con unas bandas sonoras memorables que sin duda alguna despertarán gran interés entre el público. El musical Cats también saltará a la gran pantalla con una largamente esperada adaptación interpretada por Jennifer Hudson, Taylor Swift, Idris Elba y Sir Ian Mc Kellen. El año termina con el retorno de un gigante de la gran pantalla como Frozen II, que llegará con tal anticipación que no sería de extrañar que le robara todo el protagonismo a La Guerra de las Galaxias: Episodio IV, que se estrenará un mes más tarde.

Tanto si simple y educadamente canturreas, o bien te pones en pie y cantas a viva voz todas las canciones, estrofa por estrofa, las proyecciones ‘singalong’ han venido para quedarse. En una época en que muchas proyecciones diferentes compiten a la vez por tu atención, esta nueva modalidad para cantar a coro con la banda sonora le ha dado al cine una nueva vida más allá de las proyecciones tradicionales.


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