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Una crisis puede llevarnos a cuestionar nuestras propias decisiones, ayudarnos a reevaluar nuestra vida e incluso hacer que nos demos cuenta de lo que realmente importa en la vida, en qué nos hemos estado equivocando hasta ahora y cómo deseamos cambiar nuestra vida. ¿Te gustaría convertir este tipo de reto en una oportunidad? La clave está en tener un enfoque acompasado, reflexivo y decidido. En lugar de tomar decisiones precipitadas, podemos apostar por realizar cambios que nos permitan vivir como realmente deseamos. Te explicamos cómo. 

Cómo reevaluar tu vida

Antes de decidir hacia dónde deseas navegar a continuación, primero necesitarás sopesar de dónde zarpaste, dónde te encuentras en este momento y hacia dónde te diriges. Dicho de otro modo, ¿estás actuando de manera consciente, bajo unos valores concretos y con unos objetivos claros? Si no es así, primero necesitarás ser consciente de cuáles son los factores latentes que guían tu vida personal, cómo contribuyen a tu situación actual y si (ya) están alineados con lo que tú conscientemente has decido que sea tu vida de ahora en adelante. 

Para ello, elabora una lista de preguntas relevantes sobre tus valores, metas, prioridades, sueños y deseos actuales. Responde a esas preguntas con sinceridad y, a continuación, y con la máxima objetividad, evalúa tus propias respuestas. Vuelve a tomar la misma lista de preguntas, pero ahora aplícalas a los valores, metas, prioridades, sueños y deseos hacia los cuales deseas reorientar tu vida. Una comparación exhaustiva de estas dos listas puede ser una muy buena manera de identificar las maneras sutiles, y no tan sutiles, en que tu trayectoria actual difiere de la que deseas emprender en el futuro. También te ayudará a desglosar esos conceptos generales en puntos específicos y fáciles de implementar.

Fortalezas, debilidades y lo que realmente importa

El concepto japonés Ikigai (que suele traducirse como ‘la razón de ser’) es una muy buena manera de afrontar las grandes preguntas que la vida nos formula. Existe allí donde tus valores, tus pasiones y tus habilidades interseccionan entre sí. 

Dibujar las esferas en las que se producen dichas intersecciones te ayudará a encontrar el punto medio ideal. Una vez que ya hayas identificado qué es lo que realmente importa en la vida, cuáles son tus aptitudes y cómo puedes aplicarlas en el mundo que te rodea, entonces ya tendrás una visión 360° de ese ‘nuevo tú’ al que aspiras. Quizás puedas identificar inmediatamente un área concreta en la que creas que estás más flojo o a lo mejor decides que tienes que trabajar en varias áreas diferentes. Elabora una lista de todas las cosas que necesitas hacer para que la ‘razón de ser’ que has definido sobre el papel cobre vida y sea una realidad.

Pasos concretos hacia el cambio

Asegúrate de que la lista incluya algunos objetivos generales y muchos otros concretos y fácilmente alcanzables, o de lo contrario el viaje podría resultarte demasiado abrumador.  Luego, desglosa esos objetivos en tareas de realización diaria (por ejemplo, ‘pasar 20 minutos trabajando en un proyecto creativo que te apasione’), logros semanales (‘escribir una página de mi libro’) y, por último, metas abstractas de mayor envergadura para cumplir a largo plazo (‘abrir mi propio negocio’). 

Un diario de objetivos te ayudará a continuar con tus planes, hábitos, prioridades y tareas diarias. Puedes escoger de entre una amplia gama de planificadores, algunos de ellos con espacio adicional para herramientas motivacionales, autoafirmaciones, declaraciones de agradecimiento, pasos a dar o espacio para escribir un diario con avisos. Lo ideal será tener una combinación de, por un lado, cosas específicas a hacer y que puedas ir marcando a medida que vayas realizándolas, y, por el otro lado, una serie de tareas de autoreflexión a las que puedas ir volviendo regularmente para aportar mayor claridad a tu propio viaje a medida que vayas avanzando.

Convertirte en la persona que deseas ser

Cambiar puede ser duro, especialmente si uno empieza confrontando verdades incómodas sobre uno mismo y su propia vida. Suéltate y siente cualquier emoción que el proceso pueda despertar en ti. 

Si sientes desesperación por el estado en que se encuentra el mundo, la humanidad o tú mismo, piensa en lo que una vez dijo el misántropo Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste.  Da igual. Vuelve a intentarlo.  Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”. Su desalentador pesimismo puede hacer maravillas cuando ponemos en perspectiva lo que en principio nos parece un reto abrumador: si todos nuestros intentos fracasan, el miedo a fracasar no puede ser una razón para no intentarlo de nuevo. Y la última finalidad de intentar algo, una vez tras otra, no es llegar a tener algún tipo de éxito, sino simplemente seguir intentándolo. Si haces eso, entonces estarás haciendo todo lo que puedes.

¿Qué pasará con tu antiguo ‘tú’?

Como el conocido académico de la autoestima RuPaul dijo una vez (o, de hecho, muchas), “Si no te puedes amar a ti mismo, ¿cómo demonios vas a amar a otra persona?”. Un cambio significativo nunca puede empezar poniendo tu ‘viejo tú’ en una caja, sellándola herméticamente y guardándola en el fondo del armario para, como si dijéramos, no tener que tratar con ese pasado nunca más. De hecho, de lo que se trata es de desembalar todas las capas complejas de tu personalidad y de tus experiencias vividas que no te han permitido convertirte en quién tú realmente deseabas ser. Solo cuando hayas afrontado esas capas y experiencias personales, hayas aceptado que forman parte de ti y de tu vida, y que dejarlas atrás no significa hacerlas desaparecer, solo entonces, podrás avanzar.

La buena noticia al respecto, no obstante, es que aceptar tus errores pasados, y ser consciente de que el responsable de esas acciones eres tú, ya equivale a haber recorrido la mitad del camino. Si tus errores afectaron a otras personas, entonces puede que debas dar un paso al frente para enmendar tus acciones y conseguir el perdón de aquellas personas sobre las que cometiste alguna injusticia. Si la culpa y el arrepentimiento solo persisten en tu mente, entonces eres tú quien deberá perdonarse a sí mismo.

Cómo perdonarte a ti mismo

El autoperdón requiere aptitudes que, por lo general, son más fáciles de aplicar a los demás que a nosotros mismos, como por ejemplo la compasión, la bondad y la indulgencia. Un cambio de perspectiva al respecto quizás podría ayudarte. ¿Serías capaz de perdonar a alguien que hubiera realizado los mismos actos por los que tú te estás torturando a ti mismo? O, ¿tu sentimiento de culpabilidad está basado en valores antiguos que, justamente, son los que estás intentando dejar atrás? La mejor manera de pensar los errores del pasado es entendiéndolos como oportunidades para aprender y crecer. ¿Hiciste algo mal? Pues muy bien. La próxima vez, en función de tu valiosa experiencia personal, podrás hacerlo mejor. Este planteamiento te permitirá desprenderte de tus sentimientos de autoculpabilidad sin pretender que jamás pasó lo que pasó.


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