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Insectos. Un mundo desconocido con el que tenemos problemas para relacionarnos y a los que nuestros intereses generales parecen haberle dado la espalda definitivamente. Nos repelen y nos generan fobias de todo tipo. No obstante, los insectos, y sobre todo los polinizadores, constituyen una parte esencial de la cadena alimenticia de la que dependemos. Entre ellos, las abejas salvajes que juegan un papel fundamental ya que polinizan cerca de una tercera parte de nuestros alimentos, además del algodón y muchos otros cultivos de importancia vital.

No obstante, desde 2006, enjambres enteros de abejas han ido muriendo a gran escala. Cada año, cerca de un 30% de las colonias de abejas de los EE. UU. Muere o desaparece. Un estudio realizado en Alemania en 2017, y que se ha estado llevando a cabo durante un período de 27 años, ha descubierto que el país tiene hoy un 75% menos de insectos voladores que en 1989, siendo las abejas una de las especies más afectadas.

Se cree que el culpable es la confluencia de varios factores. Por un lado, los pesticidas como los neonicotinoides, cuyo uso ha sido prohibido en Europa y restringido en Canadá. También se ha señalado al ácaro varroa, enfermedades bacterianas y la nosemosis (enfermedad que afecta el aparato digestivo de las abejas). Además de la falta generalizada de alimento y agua debido a la desenfrenada urbanización y a la práctica del monocultivo. Establecer, sin embargo, cómo estos factores interactúan entre sí es todavía más difícil y complejo. Por ejemplo, se sospecha que los neonicotinoides han hecho que las abejas sean menos resistentes a la nosemosis.

La apicultura se ha convertido en una nueva manera de ser «ecológico» y proactivo a la hora de defender el medioambiente, y además disfrutar de un producto altamente gratificante: tu propia miel. La apicultura urbana en concreto se ha extendido por todo el mundo hasta el punto de practicarse en balcones y azoteas de incluso zonas densamente pobladas. De hoteles de gama alta a balcones de apartamentos particulares, un creciente número de personas y negocios se están apuntando a esta nueva tendencia que incluso parece haber seducido a famosos como Morgan Freeman y Scarlett Johansson. Tanto, que en ciudades como Chicago y Winnipeg han tenido que introducir nuevas normativas relacionadas con la apicultura.

Enjambre, dulce enjambre

Seamos honestos: elaborar tu propia colmena es una gran responsabilidad. Los aspirantes a apicultores deben estar preparados y estudiar cómo crear el entorno ideal, escogiendo la especie de abejas apropiada y, por encima de todo, asegurándose de que el enjambre tenga espacio, comida y agua suficiente para sobrevivir. Pero eso no es todo. También es necesario familiarizarse con las normativas aplicables en tu zona geográfica, aprender acerca de parásitos como son los ácaros y las bacterias, y tomar todas las precauciones necesarias para proteger a los vecinos. Para ahorrarte tiempo y dinero, el primer paso es hacerte miembro de la asociación de apicultores de tu región, la cual te ofrecerá formación y ayuda.

«Un apicultor no tiene vacaciones de verano», dice Ulrike Windsperger, escritora y formadora de apicultores. Este es uno de los principales problemas de la profesión, a la par con el tiempo invertido en la investigación y el aprendizaje, ya que algunos cursos de apicultura tienen una duración de dos años. Dado que las abejas necesitan cuidados constantes, y que el verano es la estación principal donde llevan a cabo su actividad, dejar sola una colmena durante este período no es nada recomendable. Para la mayoría de apicultores, esto significa que se quedan sin vacaciones de verano, salvo que alguien con los mismos conocimientos en la materia lo sustituya unos días.

Otro aspecto importante es el de seleccionar el panal correcto. Cada especie, subespecie o variedad prefiere plantas diferentes y se adapta de manera diferente a los climas. Por norma general, y a fin también de preservar la biodiversidad, es mejor seleccionar una especie de abeja nativa en tu zona.

Ocupado como una abeja

Si después de haber hecho los deberes, ya estás preparado para ponerte en marcha con las abejas, ¡felicitaciones! Ha llegado el momento de planear tu colmena. Clasifica el área que dedicarás a criar las abejas; incluso si se trata de un balcón espacioso, asegúrate de solo tener la cantidad de abejas que puedas alimentar. De nuevo, la asociación de apicultores puede ayudarte a hacer los cálculos pertinentes. Ten en cuenta que cada enjambre tiene entre 2 mil y 50 mil abejas en períodos diferentes del año, que producen cantidades diferentes de miel, también dependiendo del clima. Es más, será bueno no olvidar que la miel es la comida para las abejas durante el invierno; eso quiere decir que si extraes demasiada les estarás negando la proteína y los minerales que contiene y que ellas necesitan, lo que a su vez debilitará su sistema inmunológico.

Por encima de todo, prepáralo todo de antemano, si es posible meses antes de poner el enjambre, y planta en esa zona la vegetación adecuada, ensamblando tu colmena y haciéndolo todo con las herramientas adecuadas. Piensa en establecer una fuente de agua, y estudia también cuál puede ser la mejor ubicación para la colmena, teniendo en cuenta que necesitará cierta ventilación. Una vez que hayas terminado con las preparaciones iniciales, ya puedes comprar una colonia de abejas a un apicultor local, o bien comprar un paquete de abejas a un criador. Capturar un enjambre salvaje puede ser muy peligroso, por lo que es una tarea reservada para los apicultores más experimentados.

¿No dispones del espacio suficiente?

Quizás has hecho tus cálculos y te has dado cuenta de que, después de todo, no puedes tener tu propia colmena. Tu terraza o balcón no es lo suficientemente grande, los vecinos son alérgicos, las normativas de tu ciudad prohíben las colmenas o simplemente no tienes tiempo suficiente para ello. No hay problema. De hecho, todavía puedes hacer mucho para mostrar tu apoyo a estos insectos tan productivos, especialmente a las abejas salvajes, cuyas fuentes de alimentación se están viendo progresivamente perturbadas en las zonas urbanas.

«Todos podemos ayudar a las abejas salvajes que ya habitan nuestras ciudades plantando tantas flores y plantas como podamos en nuestros balcones y en los alféizares de nuestras ventanas», nos explica Windsperger. «Nadie tiene que cuidarlas y es mucho más fácil que construir una colmena».

A las abejas salvajes les encantan los geranios, los acianos, los dientes de león y las centaureas, que son muy fáciles de plantar en los alféizares de las ventanas. Windsperger recomienda plantar varias plantas del mismo tipo de flor para, de este modo, asegurarnos un suministro consistente de alimento, y al mismo tiempo evitar las plantas híbridas que producen muy poco polen o incluso nada.

Tanto si decides apoyar a las abejas, construir una colmena o simplemente plantar flores, aquí te dejamos algunos consejos de utilidad que te ayudarán a empezar:

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