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Algunas modas cinematográficas nunca pasan, y durante cuatro décadas la inquietante imagen de una aleta dando vueltas en el agua se ha convertido en sinónimo de terror en la gran pantalla. Aunque los tiburones no son los asesinos monstruosos que a veces nos imaginamos, en el cine se han convertido en el despiadado y rabioso depredador del mar por antonomasia. Con el paso de los años, los directores de cine han utilizado el poder de la reputación de varias maneras, aunque casi siempre dejándote con el miedo en el cuerpo cada vez que pones un pie en el mar.

Aunque normalmente estas modas tan duraderas empiezan siempre con un grupo de varios éxitos, en este caso a quién hay que dar las gracias es a un solo éxito de taquilla….

Tiburón (1975)
Parece razonable asumir que si Steven Spielberg no hubiera creado esta obra maestra del cine, ahora no estarías leyendo este artículo, porque simplemente nadie estaría interesado ya en las películas de tiburones. Tiburón no solo creó la fórmula para todas las demás películas de tiburones que vinieron después, sino que además cambió la manera que teníamos de mirar películas e inventó el concepto del éxito taquillero del verano o blockbuster (ya que hasta entonces las películas de gran presupuesto solían estrenarse en invierno). El tiburón en sí se utilizó con moderación, gracias a las increíbles genialidades de John Williams y a algunas tomas rápidas que fueron capaces de crear una imagen aterradora en la mente de los espectadores. Nuestra relación con los tiburones jamás volvería a ser la misma.

L’ultimo squalo (también conocida como Tiburón 3, 1981)
Con el éxito llegan también los imitadores, y con Tiburón no podía ser para menos. Durante años aparecieron muchas otras cintas intentando aprovecharse de la locura de las películas de tiburones. De todas ellas, sin embargo, la que más provecho sacó de esta moda cinematográfica fue este thriller italiano que gozó de mucho éxito tanto en América como en Europa, a pesar (o quizás debido) a su destacada similitud con la película de Spielberg. La cuestión llegó a los tribunales y al final los creadores de la película perdieron el caso y se vieron obligados a retirar la cinta de los cines de los EE. UU. Pero las películas prohibidas generan más misterio todavía, y en este caso Tiburón 3 acabó obteniendo una cierta aura de película de culto entre los aficionados a las «películas malas».

Las secuelas de Tiburón (1978-87)
Aunque las películas rivales pisaban los talones al éxito de Tiburón, realmente fueron las secuelas oficiales las que al final acabaron manchando el prestigio de las películas de tiburones durante toda una década. Una buena parte de secuelas baratas y de inferior calidad inundaron la gran pantalla en los años 80, entre ellas Tiburón 2, que aunque retuvo parte del reparto, ello no fue suficiente para mantener ni pizca del genio de su predecesora. Tiburón 3D y Tiburón, la venganza, fueron dos completos desastres que no conservaron nada de la brillantez de la primera película. Quizás su mayor legado hayan sido aquellas famosas frases “justo cuando pensabas que era seguro volver a entrar en el agua” (Tiburón 2) y “Esta vez, es personal” (Tiburón, la venganza).

Alerta en lo profundo (1999)
Tras tres secuelas de Tiburón e incontables estafas, los tiburones se habían ausentado de la gran pantalla de los años 90, hasta que esta película de suspenso introdujo la idea de un tiburón genéticamente modificado. La mezcla entre tecnología moderna y métodos cinematográficos tradicionales dio vida a la historia de tiburones genéticamente modificados que cazan a un grupo de científicos. Aunque el argumento es un poco confuso, el hecho de que los tiburones en sí fueran más creíbles que en previas cintas convirtió esta película en todo un éxito extravagante que volvió a ser capaz de traer los gritos de miedo al género, que ya llevaba años provocando poco más que bostezos. ¡La película también contiene una de las mejores muertes sorprendentes de todos los tiempos!

Mar abierto (2003)
¿Qué podría dar más miedo que un tiburón animado por computador? Uno al que no puedes ver, pero que sabes que está ahí. Esta tensa experiencia que sigue las desventuras de dos buceadores atrapados en un mar infestado de tiburones ha despertado y alimentado aún más ese miedo de creación cultural a los tiburones que Tiburón había inventado años atrás: la idea de que están ahí, en algún lugar bajo la superficie, y que en cualquier momento pueden arrastrarte a las profundidades. La película es un viaje sensorial cuya experiencia resulta casi traumática, con vagas conexiones a eventos que se produjeron en la vida real y que acaban por hacerte creer que esto podría pasar de verdad. ¡No está nada mal para ser una película que costó menos que solo el tiburón de Tiburón!

El  Espanta Tiburones (2004)
Con este extraño intento de dar otra imagen menos oscura del villano submarino, Dreamworks Animation convirtió la idea del tiburón asesino en una comedia para toda la familia, que gira alrededor de un pez ambicioso y de mente rápida (Will Smith) que posa como un «cazador de tiburones» con la ayuda de un cazador definitivamente nada amenazador (Jack Black). Da la sensación de ser una especie de imitación coja de previos éxitos como Shrek y ha acabado siendo más conocida por el increíble reparto de voces, que incluye a Angelina Jolie, Robert De Niro y Martin Scorsese, que por otra cosa. Mención especial, para  Bruce, el tiburón más divertido que aparece brevemente en la cinta de Pixar Buscando a Nemo.

Mega Shark vs Giant Octopus (2009)
Con la llegada de la animación por computador, las películas de tiburones no han sido aquella empresa colosal que un día habían sido, y han acabado convirtiéndose en el tema de muchas parodias y películas de serie B que han caído dentro de esa categoría llamada «tan malas que acaban siendo buenas». Uno de los títulos revolucionarios fue Mega Shark Versus Giant Octopus, una película totalmente ridícula que acaba siendo un pastiche de películas de monstruos del pasado que solo gusta a los espectadores hambrientos de pelis basura que desean reírse un rato o bien llorar de desesperación. La franquicia del Mega Shark ha generado varias secuelas, cuyo personaje principal se enfrenta a un Crocosauro, un Mechatiburón y un Koloso (no, nosotros tampoco sabemos qué son).

Sharknado (2013)
Ninguna otra parodia es comparable al fenómeno cultural de Sharknado. Empezó siendo, intencionadamente, un película ridícula de bajo presupuesto para televisión, para más tarde ser una película (que, como ya puedes imaginarte, va sobre un tornado de tiburones) de gran éxito en la era de Twitter, con gente de todo el mundo creando experiencias comunes de visualización que ha hecho que acaben comparando esta ‘obra desastre’ con películas como La habitación. Aunque por un lado no añade mucho a la conversación creativa, ¡esta y sus cinco secuelas demostraron que los tiburones continúan atrayendo a las masas!

Miedo profundo (2016)
Otra película que nos revela el poder psicológico que generan los tiburones en la pantalla, en vez de su imponente presencia física. Una surfista solitaria (Blake Lively) sobrevive a un brutal ataque de un tiburón, pero el animal le barra el paso y la deja atrapada muy cerca de la orilla, pero a la vez sin poder llegar a ella. Esta película, que usa elementos de secuencias «found footage» típicos de las películas de terror y cuenta con la sólida interpretación de Lively (junto con la de un pájaro al que ella misma llama Steves Seagull), es una interpretación moderna de un género bastante gastado pero que demuestra que no tienes por qué necesitar una super-producción para crear buen suspenso y asustar a los espectadores. Aunque por un lado los tiburones han sido fuente de diversión, por el otro continúan reteniendo el misterio del género de terror.

47 Meters Down (2017)
El aislamiento es también un factor importante en esta película británica de horror protagonizada por Mandy Moore y Claire Holt, dos turistas que quedan atrapadas en el suelo del océano cuando se rompe la cuerda que ata la jaula de tiburones en que están a la superficie. Mientras que la mayoría de películas sacan a los tiburones de las profundidades y los traen a la superficie o a las inmediaciones de una playa, esta película coloca a nuestros héroes (¿o víctimas?) en territorio propio de tiburones, añadiendo una mayor dosis de terror a la amenaza de ser atacados. Aunque pocas cintas pertenecientes al género de películas de tiburones han destacado por su mérito artístico, esta y otras sí que han demostrado que este es un territorio cinematográfico capaz de conseguir mucho con muy poco.

Megalodón (2018)
Con un presupuesto de 150 millones de dólares, esta adaptación de pura acción de la novela de Steve Alten se entrelaza con un espectáculo taquillero por momentos convincentes y bien pautados  de suspenso, para crear una de las películas más esperadas del año. Aunque un tiburón gigante genéticamente modificado de 29 metros no deja mucho espacio para sutilezas, el director Jon Turteltaub combina un personaje gigante con un escenario de profundidades submarinas desde donde el Magalodón puede emerger de las sombras para aterrorizar a un grupo de científicos. Se trata de una combinación de estrellas que han aparecido como resultado de 40 años de influencias que van desde la ganadora de un Oscar (Tiburón) de Spielberg a las entregas de serie B de poca inteligencia pero divertidas de estos últimos años.


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