Ediciones
Desplaza

En marzo 2020, Haddon Kime tomó los limones del confinamiento y los convirtió en un zumo de limón que fue capaz de refrescar a los que lo tomaban, incluso después de la epidemia. Este compositor, autor y diseñador de sonido de Atlanta no solo fue capaz de encontrar la manera de que su compañía teatral pudiera continuar actuando después de haberse cancelado todos los espectáculos en directo, sino que además acabó descubriendo una nueva manera de conectar con el público e incluso inventó un nuevo género artístico: el zoomsical.

Lag: A Zoomsical Comedy, escrita y dirigida por Kime, y representada por un pequeño grupo de actores a través del software de videoconferencias del mismo nombre, ha servido de inspiración a otros creadores de musicales teatrales, los cuales han escrito, re-escrito o adaptado sus propios zoomsicals. Los derechos teatrales de LAG, una obra que cuenta la historia de un grupo de autoayuda que decide seguir reuniéndose online durante la epidemia de COVID-19, también están disponibles online, de modo que cualquiera que se vea con ganas de asumir el reto también podrá «representar» su propia producción del zoomsical original.

Hablamos con Kime acerca de los retos a los que se enfrentan las creaciones de musicales virtuales, así como también sobre el futuro del teatro, tanto en vivo como online.

¿Qué es un zoomsical y en qué sentido difiere de otras formas de entretenimiento digital?

En términos generales, un zoomsical es una comedia o drama cuyo desarrollo depende en buena medida del arte de cantar, y que se rueda y/o escenifica utilizando software de videoconferencia, principalmente Zoom.

En mis zoomsicals favoritos, las limitaciones y realidades de interactuar virtualmente forman parte de la misma historia. Dicho de otro modo, el público ve online cómo los personajes se enfrentan a sus vidas de uno u otro modo. Dado que el ‘género’ fusiona la historia con el canto, el guión hablado con las letras de las canciones, y las reacciones silenciosas de los actores con los subrayados, el invento en sí ha demostrado tener una capacidad única para reflejar los deseos no correspondidos por el contacto, y las extrañas nuevas oportunidades de conexión que surgen y que muchos de nosotros hemos encontrado en la ‘zoomificación’ de la vida en 2020.

Volvamos al mes de marzo pasado, cuando por primera vez se te encargó crear una comedia musical para la ‘nueva normalidad’. ¿Qué pensaste que tanto tú, tu trabajo y la comunidad teatral en general estarías haciendo en otoño?

Buena pregunta. Dada la inestabilidad del negocio teatral, tienes que estar siempre preparado para decir «sí, y» en cualquier situación, incluso cuando el mundo de repente dice «quizás no».

En marzo, nuestra compañía acababa de cancelar el resto de nuestra temporada en directo. Sabíamos que necesitábamos seguir creando, y teníamos muchas ideas sobre cómo hacerlo. Todo estaba cambiando muy rápidamente, y nos dimos cuenta de que teníamos que dejar de crear obras de larga duración y, en vez de eso, concentrar nuestra creatividad en lo que estábamos experimentando en ese momento. Trabajando de esta manera, centrándonos inquebrantablemente en el ‘ahora’, hizo que cualquier idea o esperanza sobre lo que podríamos estar haciendo el próximo otoño nos pareciera algo que teníamos que dejar apartado y abordarlo solo cuando llegara su momento. Ahora, cuando los colores del otoño vuelven a llenar de nuevo el mundo, las mismas esperanzas e ideas siguen vivas en nosotros: recuperaremos a nuestro público y nuestro sector habrá evolucionado hasta convertirse en algo mejor de lo que ya era, y todo esto sucederá lo antes posible.

En mis zoomsicals favoritos, las limitaciones y realidades de interactuar virtualmente forman parte de la misma historia. Dicho de otro modo, el público ve online cómo los personajes se enfrentan a sus vidas de uno u otro modo.

No quedaba mucho tiempo para la llegada de la epidemia y el confinamiento cuando empezaste a trabajar en tu zoomsical. Visto en perspectiva, ¿hay algo en lo que creas que te equivocaste? ¿Y qué es en lo que más acertaste?

Los avispones asiáticos asesinos. En eso me equivoqué. Estos insectos hacían mucho ruido en los nuevos ciclos de los meses de marzo y abril, pero como un mes de 2020 parece más como todo un año, ahora me preguntan: «¿qué son los avispones asiáticos asesinos?».

La parte del espectáculo que más se me ha quedado grabada a mí y a todas aquellas personas que la vieron fue la canción final del espectáculo, “The Simple Secret”, en la que (y cuidado que ahí va un ‘spoiler’) se explica que todos tenemos el derecho alienable a respirar profundamente cuando sentimos que todo ha llegado al final. La parte de la letra que más me ha llamado la atención es:

When the sun sinks into the mountains (Cuando el sol se oculte tras las montañas)
And the moon peeks over the trees (Y la luna sobresalga por detrás de los árboles)
We are witness to a revolution (Seremos testigos de una revolución)
That breathes. (Que respira.)

¿Cuál fue el mayor reto al que te enfrentaste durante la producción?

El mayor y único reto al que se enfrentó mi producción de LAG fue… bueno el intervalo o lag tecnológico en sí mismo. Ahora mismo, aunque esto puede cambiar en cualquier momento, no existe tecnología que permita que varios actores puedan cantar juntos en directo en Zoom. Esto es lo que en nuestro zoomsical recibe el nombre de «la fuga de la cuarentena». Probamos varias vías de innovación, pero todas ellas nos dejaban con entre 1/4 y 1/2 segundo de lag (o latencia) cuando la nota llegaba al aire en un lado de la conexión y cuando la nota llegaba al oído en el otro lado.

Dentro de la comunidad teatral, la pregunta más importante que nos hacemos acerca del LAG es “¿Cómo consigues que canten todos a la vez?” La respuesta a esa pregunta es excepcionalmente a-tecnológica: ¡una partitura! Escribí partituras para que, de este modo, todos los actores del reparto supieran exactamente qué pulsaciones debían cantar en cada momento, y en qué pulsaciones debían reaccionar a otras voces. Rodamos por separado a cada uno de nuestros actores principales y después los ‘cosimos’ juntos utilizando un software de edición de video con el que conseguimos eliminar el lag.

Lo malo de esta situación, tanto para creadores como actores, es obvio. Pero, ¿qué es lo bueno?

Lo mejor de esta situación es que, de repente, y por extraño que parezca, el teatro se ha convertido en un medio más accesible de lo que había sido antes. Eventos corporativos de formación, aulas virtuales, conversaciones y plenos municipales: la creación de zoomsicals (u otras representaciones teatrales) para estos espacios virtuales se ha convertido en un reto muy emocionante. Imagínate un curso de formación de personal que tenía que celebrarse en un lugar increíble y que ahora se ha visto relegado a Zoom, pero que ahora estará animado por actores profesionales representando un drama o comedia personalizada para ese contexto.

Lo segundo bueno que tiene es que nos brinda una gran posibilidad de detenernos y echar un vistazo a nuestro sector todos juntos desde una perspectiva sistémica. Esto también pasará, y aunque todavía podemos tener que enfrentarnos a cambios dolorosos en el futuro, estoy convencido de que a largo plazo todos tendremos la oportunidad de disfrutar cuando entremos en un futuro mejor y más alegre.

La ‘nueva normalidad’ es provisional, pero al mismo tiempo también es improbable que simplemente volvamos a la ‘antigua normalidad’. ¿Cómo serán las artes escénicas en el futuro?

Creo que la sensación de pertenencia y de excitación común que genera el hecho de ser un miembro de una audiencia unida está grabado en nuestro ADN. Hay una fuerza y una excitación a la hora de ver un espectáculo en directo que la pantalla no es capaz de despertar, independientemente de cuántos canales de audio se apliquen o de cómo sea de alta la resolución de la pantalla. Antes pensaba que se debía a la habilidad y el talento de los intérpretes, o a la fuerza de la escritura en sí, pero últimamente me he estado preguntando si no tiene que ver con la fuerza que sentimos en nosotros mismos cuando entramos a formar parte de una audiencia o multitud o grupo de personas que, unidas, escuchan en la misma dirección durante varias horas.

Creo que el futuro es prometedor para las artes escénicas, y lo es precisamente porque hemos sentido el vacío que nos han dejado en nuestra experiencia cultural compartida; un vacío que todavía ha sido más vertiginoso en nuestro deseo individualizado por formar parte de una comunidad. Dicho eso, todos los artistas que trabajan en las artes escénicas en todo el mundo han echado de menos al público y a sus miembros todavía más. Tengo la sensación de que jamás ningún público en ninguna parte volverá a ser tomado por descontado.

¿Qué futuro postepidemia le espera a las producciones teatrales online?

Todas las aptitudes que hemos aprendido, y los problemas que hemos solucionado mientras creábamos, diseñábamos, escribíamos y producíamos se convertirán en herramientas que podremos utilizar en futuras producciones teatrales. Asimismo, saldremos de esta epidemia habiendo visto cómo el teatro virtual y los zoomsicals pueden acceder a espacios totalmente nuevos. A medida que la tecnología evolucione, emergerán también nuevas posibilidades para las representaciones músico-teatrales online EN DIRECTO. No puedo imaginarme que quede nada por explorar.

Para obtener más información, visita la página web de Kime, haddonkime.com y outofhandtheater.com.


No hay comentarios

Lo sentimos, los comentarios están bloqueados por el momento.


Artículos Relacionados