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Aunque la gran mayoría de su generación opta por los fáciles espectáculos en oficinas con todos los beneficios que ello conlleva, Valentina Stinga decidió tomar una ruta diferente y volver a sus raíces. En todos los sentidos del término.

La joven emprendedora italiana tiene un Máster en administración comercial y mucha experiencia en varios campos, desde el turismo al transporte de mercancía, pasando por la gestión de redes sociales. No obstante, sus auténticos campos la llamaron, y ella respondió: se quedó parte de las tierras en desuso de su familia en Casarlano, una pequeña aldea situada cerca de la espectacular Bahía de Nápoles, en Sorrento (Italia), y los convirtió en una granja agrícola orgánica a pequeña escala.

Stinga bautizó su aventura con el nombre de Rareche, que significa “raíces” en dialecto napolitano, y se comprometió a usar únicamente métodos agrícolas orgánicos naturales. Por ejemplo, en vez de fertilizantes, usa estiércol y un macerado de hojas de ortiga casero como insecticida. ¿Sus ayudantes? Tiene la ayuda de un amigo experto que estudió agricultura, y un poco de mano de obra por parte de un cuidador que ha trabajado y atendido las tierras de la familia. A parte de esto, el resto se lo hace todo ella sola.

En un país en el que, solo en 2018, casi 130 000 personas abandonaron sus hogares en busca de una vida mejor en otros países, la decisión de Stinga de convertir sus propias tierras en su modo de vida (literalmente hablando) es cada vez más raro. No obstante, le está saliendo a cuenta. Ya se ha unido a la Coldiretti (una organización agrícola italiana) de la zona de Massa Lubrense, y se ha convertido en su gerente regional. Asimismo, también ha empezado a enseñar y guiar a otros jóvenes a fundar sus propias ‘start ups’ agrícolas e incluso ha ganado el galardón “Oscar Verde” a jóvenes e innovadores granjeros que le ha concedido la Coldiretti. En mayo de 2019 aparecerá sobre el escenario de la sala de conferencias TEDx de Barletta para hablar a los asistentes acerca de su área de especialización: la agricultura.

Hemos hablando con la flamante estrella del sector de la agricultura orgánica italiana acerca del secreto de su éxito y sobre lo que ha aprendido en el proceso que la ha llevado hasta aquí.

¿Qué te hizo, en última instancia, decir “no” a una oficina y “sí” a la granja?

Después de graduarme en 2013, decidí volver a casa y trabajar en el negocio familiar, el transporte de mercancías.Pasé un año y medio entre camiones y camioneros, pero la ausencia de creatividad en eI trabajo que yo hacía me empujó a mirar hacia otros horizontes. Lo intenté en el sector de turismo, y acabé trabajando en un proyecto de Erasmus para estudiantes americanos. Al cabo de un tiempo, alguien me dijo fríamente: “A ti este trabajo no te apasiona.” Pesadilla. Pánico. La montaña de la certeza que creía estar subiendo se vino abajo, y con ella mis confusos sueños.Así que decidí empezar un Máster en gestión de redes sociales en Milán para aprender algo nuevo y, de esta manera, empecé también a sentirme viva otra vez.

Justo después de eso es cuando de verdad di el paso. Senté a mi padre en una silla y simplemente le pregunté: “¿Por qué no restauramos nuestra antigua propiedad de Casarlano? No me importaría empezar mi propio negocio.”

Un amigo que hacía poco había estudiado agricultura me ayudó a desarrollar mi alocado proyecto, sin esperanza alguna de éxito, cabe decir. Simplemente vino con plantas de vivero, 10 calabacines y 15 tomates negros, y en marzo de 2017 las plantamos en un campo de 3 hectáreas.

Yo personalmente no sabía cómo sembrar ni sujetar las plantas a fin de cultivarlas. Pero en tan solo dos meses estas plantas de vivero crecieron y dieron su fruto, así que empecé a regalar las verduras a la mitad de los residentes de Sorrento porque no sabía ni qué hacer con tanta verdura. Entonces es cuando pensé: “Si la gente las aprecia tanto, ¿por qué no convertir la agricultura en mi negocio principal?” Y así es como empecé a distribuir mis primeras cestas de verduras, en noviembre de 2017.

Dado que no podías competir con los agricultores a gran escala o de mono cultura por razones de cantidad y conocimientos, ¿cómo conseguiste destacar por encima de ellos?

La creatividad y mis conocimientos en comunicación eran los dos ases que tenía en la manga, y lo que me permitió decidirme a crear un blog donde cada día publicaba fotos de mi vida personal y laboral. Al mismo tiempo empecé a pensar cuál era la mejor manera de usar o vender mis productos, encontrar nuevos clientes y hacer que el negocio creciera a medida que también lo hacían mis imparables “aliados verdes”. Como me era imposible predecir la producción de la cosecha, se me ocurrió la idea de suministrar a mis clientes cestas compuestas por varios tipos de verduras, y que además contuvieran sorpresas de temporada.

Por el momento, tus clientes son familias de la región. ¿Cómo los encontraste en primer lugar?

Los primeros pedidos me llegaron a partir de un marketing genuino basado en la información boca a boca. No fue hasta marzo de 2018 que el presidente de la organización agrícola Coldiretti de nuestra región, Massa Lubrense, me llamó y me pidió si deseaba ser miembro de la junta regional; al final me acabaron ofreciendo el puesto de directora general. ¿Y yo que respondí? ¡Claro que sí!

La suerte por fin me sonreía, ¡y de qué manera! Desde el mes de mayo del año pasado he estado saliendo y siendo entrevistada en programas de televisión a nivel nacional, y esta increíble exposición en los medios de comunicación ha supuesto un aumento de la demanda de mis productos. Rareche por fin ha encontrado su lugar en el mundo.

El reto al que ahora me enfrento es el de continuar suministrando mis verduras a mis 25 clientes (familias de la zona) habituales, contando solo con los campos que tengo plantados y el sistema de rotación de cultivos, así como tener nuevas ideas para también poder satisfacer a una casi infinita lista de nuevos clientes que tengo en lista de espera.

¿Qué recibirán tus clientes en sus cestas Rareche este abril?

Guisantes, judías, repollos e hinojo. Los calabacines no los podremos empezar a repartir hasta finales de abril, seguramente. Mi caja especial de verduras la entrego yo en persona, ya sea a pie o en mi camioneta, y viene con un premio de fidelidad de regalo para mis clientes: una de las recetas más especiales de mi madre.¿Qué recibo yo a cambio de eso? Unas cuantas recetas más de nonnas y consejos de jardinería y cocina que son “antiguos pero oro puro”.

En un mundo en el que la mayoría de personas ya no tiene un “trabajo” sino una “profesión”, ¿cómo te definirías a ti misma cuando explicas a otra persona de qué vives?

Yo siempre doy la misma y sencilla respuesta: soy agricultora. Esto suele conducir entonces a la siguiente reacción: “¡Oh!” (lo cual seguramente implica toda una lista de preguntas que jamás llegan a formular). Para mí, las mujeres mayores son la audiencia más curiosa e interesante.

Tus aventuras agrícolas no solo consisten en cavar, arar, cosechar y compartir, sino que además también organizas actividades adicionales, bien en tu propia granja o bien en nombre de Coldiretti. ¿Cuáles son tus favoritas?
Sin duda, las organizadas específicamente para los niños, ya sea las que permiten que los niños de educación primaria de 8 y 9 de edad con problemas de exclusión social o familiares (por ejemplo, con padres en prisión, etc.) adivinen qué verduras hay en una caja palpándolas a ciegas, o bien las que me permiten enseñarles cómo se siembran los tomatescon la ayuda de ceniza como fertilizante natural. No hay nada más satisfactorio que ver cómo les brillan los ojos de alegría cuando dejo que se lleven a casa su propia planta en un pequeño tiesto para que la cuiden.

¿Qué te ha enseñado a ti la agricultura que no habrías aprendido en ningún otro lugar?

Por encima de todo, paciencia. Siempre he tenido un lado más bien impetuoso que me ha hecho quererlo todo aquí y ahora. Tuve que empezar a cultivar el arte de la espera, porque, básicamente, no es posible plantar y cosechar ninguna verdura en un plazo de 10 días.

Todos tenemos la tendencia a pensar y actuar con rapidez, a veces incluso adoptamos la mentalidad del “plazo de entrega: ayer” que hemos heredado de la cultura de la oficina. Así que cuando mis clientes me preguntan cuándo podrán contar con las judías blancas que necesitan, porque no desean ir al supermercado y comprarlas de invernadero, yo he aprendido (¡finalmente!) a mantener la calma, aunque la única respuesta realista que les pueda dar sea: “dentro de un mes y medio”.

¿Y qué has aprendido de las verduras?

Me han enseñado a ser clara y directa, porque las plantas no pueden ocultar las enfermedades que las infectan. Te dicen exactamente lo que necesitan, a diferencia de los seres humanos, que no siempre comparten sus problemas o sentimientos. Lo más triste de todo es que, a veces, te ves obligada a gestionar situaciones problemáticas para las cuales no tienes solución.

¿Hay algún aroma del que jamás te canses?

Sin duda alguna, el de las cebollas y los tomates, especialmente es una fragancia muy fuerte. Dicho eso, el olor de la tierra acabada de labrar y cultivares algo que ni cambiaría por nada en el mundo.

¿Cuáles son los pros y los contras de tu trabajo?

Contras: eventos imprevistos, no solo los relacionados con la meteorología sino a veces la total falta de entendimiento por parte de algunas personasque saben mucho acerca de la Madre Naturaleza y mi trabajo. Pros: poder trabajar al aire libre, planificar mi jornada completa como me apetece y levantarme pronto por la mañana, porque eso hace que el día sea mucho más largo.

 ¿A veces tienen la sensación de que has tenido que sacrificar algo para poder vivir a cambio tu vida como agricultora?

Probablemente sacrifiqué una carrera profesional en una empresa multinacional, quizás un gran automóvil, quizás hasta una secretaria privada solo para mí y unas buenas bonificaciones anuales. Lo que no obstante me hace pensar que tomé la decisión correcta es el hecho de que me emociono cada día de la semana y que ahora no sería capaz de dejarlo todo a cambio de un sueldo más alto. La sensación que hora tengo es lo que más me satisface.


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