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Vanessa Nakate tiene un talento especial para convertir retos en oportunidades. Siendo la única manifestante que se unió al movimiento Fridays for Future en Uganda, se atrevió a fundar Youth for Future Africa y el Rise Up Movement, ambos dedicados a la justicia medioambiental en el continente africano. Cuando alguien borró su imagen de una fotografía en la que aparecía junto a cuatro activistas climáticas blancas durante el Foro Económico Mundial de Davos, supo convertir dicha ‘desaparición’ en una oportunidad para abordar los prejuicios de la prensa y la falta de diversidad en el movimiento climático, creando así una poderosa plataforma a partir de su propio mensaje. Durante el actual confinamiento que estamos viviendo a causa del coronavirus, esta activista continúa haciendo campaña en favor de la lucha contra el cambio climático a través de protestas digitales, vídeo conferencias y las redes sociales.

¿Cómo es tu vida en estos momentos?
Muchas cosas han cambiado desde que estamos confinados. Básicamente, en estos momentos, la vida consiste en quedarse en casa, intentar mantenerse sana y detener la propagación del virus.

Pero, ¿continúas haciendo campaña contra el cambio climático?
Claro. Aunque son momentos complicados, he podido unirme a las huelgas de los viernes online y tomo parte en vídeollamadas y webinarios organizados por el movimiento Fridays for Future. Todos intentamos recordarle a la gente que hay otra crisis que debemos afrontar y que ha estado matando gente y destrozando vidas durante mucho tiempo. Continuamos dando nuestro mensaje tan alto y claro como podemos, incluso cuando parece que la gente no te escucha.

 

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¿Cómo podemos hacer para que la gente entienda que muchas de las medidas que se han tomado para luchar contra el coronavirus también ayudan a combatir el cambio climático?
He hecho todo lo posible para que la gente entienda que estamos viviendo una crisis climática, que la ciencia es muy clara al respecto y que todos podemos ver los resultados del cambio climático. Creo que hay gente que no se lo toma en serio porque no han sido víctimas de la crisis. Pero las personas pertenecientes a comunidades marginalizadas se enfrentan directamente al impacto de esta crisis y la están sufriendo más que otros debido al cambio climático. Hay personas que ya están muriendo. No les queda más tiempo. Quizás haya gente que piense que todavía tenemos tiempo para revertir el cambio climático, pero cuando hablamos de estas comunidades marginalizadas queda claro que el tiempo se les ha terminado.

¿Qué aporta tu perspectiva al diálogo global sobre el cambio climático? Creo que lo que hace que mi perspectiva sea diferente es que siempre intento destacar cómo se están viendo afectadas las comunidades en vías de desarrollo. Las personas que viven en estas comunidades ya lo están sufriendo ahora. El cambio climático ya ha afectado a sus vidas no es un escenario futuro.

Sea cual sea la crisis global a la que nos enfrentemos, las comunidades más vulnerables son las que más sufren. En los países africanos, mucha gente sobrevive con el dinero que ganan ese mismo día. En una situación como el confinamiento actual, al no poder trabajar tampoco pueden comprar alimentos. Las comunidades desarrolladas disponen de sistemas que amortiguan el impacto de la crisis, pero las comunidades locales en países en vías de desarrollo no tienen ni pueden implementar esos sistemas, por lo que sufren el impacto directo de esos efectos. Cada crisis que tiene lugar los empuja un poco más hacia un umbral de pobreza todavía más extrema.

¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?
Lo mejor que podemos hacer es cambiar los sistemas. La gente puede hablar en nombre de comunidades vulnerables y ayudar a amplificar las voces de las personas  de esas comunidades; pero el trabajo principal deben realizarlo los gobiernos a nivel global. Necesitamos un cambio de sistema que aborde los problemas a los que nos estamos enfrentando, que ayude a construir comunidades que sean lo suficientemente resilientes como para sobrevivir una crisis e incluso capaces de salir más fuertes de ella. Necesitamos maneras más sostenibles de vivir, ciudades más sostenibles, acceso a instalaciones sanitarias, educación, comida y cobijo. Estos son factores que deben empezar a activarse a nivel estructural. Las acciones individuales son buenas, pero no creo que la solución esté en responsabilizar a las personas individualmente. Algunas comunidades se encuentran atrapadas en los sistemas que han generado la crisis climática y no hay, literalmente hablando, manera alguna de salir de ellos.

¿Cuáles son las acciones inmediatas que cualquier persona podría realizar para generar un cambio positivo?
Creo que es positivo apoyar al comercio justo, siempre que este acabe beneficiando directamente a las personas que producen esas mercancías.

Tú trabajas con personas y organizaciones de todo el mundo. ¿En qué medida compartes las mismas metas y en qué difieren también?
Somos todos lo mismo, independientemente de dónde vengamos, a qué clase social pertenezcamos, el dinero que tengamos y de qué raza seamos. Necesitamos poner a un lado esas divisiones y centrarnos en las conexiones que tenemos los unos con los otros. Al fin y al cabo, todos somos habitantes de este planeta y el cambio climático nos va a afectar a todos. Creo que la interseccionalidad es tan importante en el activismo climático como lo es en todo otro movimiento de progreso.

 

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¿Qué sucede con la manera en que se ha enmarcado el movimiento Fridays for Future, como si fuera una batalla de las generaciones jóvenes contra las viejas?
No creo en luchar los unos contra los otros. Creo en trabajar juntos. Para abordar el cambio climático necesitamos implicar a todo el mundo. La gente joven no puede hacerlo sola. Ya ha habido mucha gente luchando contra el cambio climático antes que nosotros y no podemos simplemente apartarlos. Hay indígenas, muchos de ellos mayores que nosotros, que tienen unos conocimientos ancestrales que no tenemos: cómo preservar las tierras, los bosques, el océano, los ríos y cualquier otro tipo de ecosistema al que están unidos. Necesitamos su sabiduría y sus conocimientos, y estoy convencida de que todos podemos aprender los unos de los otros.

¿Qué parte de tu tiempo y energía estás actualmente dedicando a cuestiones medioambientales?
Si te soy sincera, diría que probablemente un 70%. ¡Están pasando tantas cosas!

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