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Los australianos somos gente tranquila con un lema en la vida: «no te preocupes, amigo, es perfecta para ti», que seguramente cuelga de la pared de muchas cuevas masculinas y guaridas femeninas australianas. Pero, ¿qué hay que hacer para arrancar ese falso barniz, que caiga la careta, y poder llegar a ver el lustre que realmente reluce tras esa subida ceja fanfarrona?

Muy sencillo. Solo tienes que preguntarles cómo les gusta la hamburguesa australiana con de todo, y acto seguido diles que no saben hacerlo.

La polémica, la pasión y la multitud de opiniones sobre esta cuestión no tiene comparación con ningún otro tema, a parte del de hacer trampas a su deporte favorito: el cricket. Para los incultos en el tema, la humilde ‘hamburguesa australiana con todo’ es solo un sinónimo de lo que otros llamarían un sándwich sofisticado. Sin embargo, para algunos de nosotros, los elegidos, es mucho más que eso; este es precisamente el motivo por el que hoy estoy aquí: para explicarles todo lo que deben saber sobre esta institución australiana.

Los Origenes

Aunque ¡los tiempos están cambiando!, que cantaba el poeta, Australia ya lleva mucho tiempo siendo la esponja culinaria y cultural del sur, observando siempre desde la distancia y seleccionando lo mejor (y lo peor) del mundo occidental para su propio consumo.

Después de su nacimiento como estado hacia el año 1900, todavía tuvimos que esperar 30 años a que la hamburguesa cruzara el Pacífico y llegara a las soleadas playas de Australia. La historia es confusa, pero tanto la inmigración como la imitación jugaron papeles fundamentales. Por ejemplo, la comunidad griega de Australia es una de las más grandes del mundo, y su espíritu emprendedor tuvo como resultado la creación de miles de tiendas, cafeterías y lecherías repartidas por todo el país, que fue el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de este nuevo plato que era todo un furor en los EE. UU. Y aún así, al principio no había nada que respondiera al nombre de hamburguesa «australiana». Si establecer una nueva identidad lleva tiempo, en Australia nos costó una década o más convertir la hamburguesa en la ‘hamburguesa australiana’.

¿Su ingrediente clave? La remolacha

«¿¡Pero por qué!?», se preguntarán, con toda la lógica del mundo. ¿Qué razón puede haber para que alguien ponga esta chillona y dulzona raíz en una hamburguesa?

Algunos dicen que se remonta a cuando la apertura de empresas de conservas Edgell and Golden Circle en los años 20 y 40 creó un excedente barato de remolacha. Otros en cambio cuentan, en una versión quizá más divertida, que fue una broma que se les hacía a los marines americanos y que llegó al punto de convertirse en realidad.

Pero ten en cuenta una cosa: aunque por toda la nación se reconoce que es la remolacha la que creó la hamburguesa australiana, no encontrarás ningún otro tema de debate que genere tanta división de opiniones. Olvídate de la política, el dinero y la religión, y la próxima vez que entres en un bar, simplemente suelta eso de «jamás deberían poner remolacha en una hamburguesa» a la persona que tengas al lado, y ya verás qué reacción generas.

Por supuesto, la remolacha por sí sola no hubiera sido suficiente. Igual que sucede con nuestras pizzas, los australianos tenemos esa extraña preferencia por llenar las comidas para llevar con tantos ingredientes como se pueda. ¿Podría tratarse de un legado de los racionamientos durante las épocas de guerra? ¿Podría ser una indulgencia anual de la tacañería? ¡Quién sabe! Lo que sí puedo decir es que lo que ahora identificamos como la «hamburguesa australiana con todo» es algo muy diferente de lo que era en los años 50.

Los Ingredientes

Aquí te explico cómo puedes hacerte tu propia hamburguesa, de principio a fin…

El pan
Tierno, blanco y con semillas de sésamo. Partido por la mitad, untado de mantequilla y ligeramente tostado en la placa de cocción una vez hayas freído las cebollas para que así absorba el sabor. Sobre todo, NO la hagas con un brioche. En principio, el pan mantendrá su forma hasta el final, pero no contengas la respiración; la hamburguesa australiana con todo pondrá a prueba hasta a los panes más duros.

La salsa
Tiene que ser una salsa de tomate. Ni aderezos ni chutneys. Y no dejes que nadie te diga que la hamburguesa australiana con todo lleva mayonesa.

La versión con carne
Por extraño que te pueda sonar, la carne no es ni de ualabí ni de canguro. La mejor carne para tu hamburguesa es una buena esfera hecha con carne picada de vacuno 100% Angus de sabor plenamente suculento. Intenta encontrar una con una relación de 70:30 carne – grasa, dale una forma de media pulgada de altura y que sea un poco más ancha que el pan, ya que después al cocinarla y enfriarse su tamaño se verá reducido. Añádele sal a tu gusto y ponla en la parrilla a temperatura muy alta hasta que quede rosada por el medio.

El tocino
Un par de lonchas es perfecto. Fríelas hasta que los bordes queden crujientes. Puedes freírlas al mismo tiempo que la carne.

El queso
Un buen trozo de queso cheddar es perfecto para acompañar tu carne de vacuno. Para darle el auténtico toque australiano, intenta encontrar queso cheddar Coon y corta tú mismo un trozo cuadrado o dos antes de ponerlos sobre el tocino chisporroteante que acabas de freír.

La cebolla
Si tienes tiempo (30 minutos o más) pueden caramelizar por completo la cebolla doradita y cortada en rodajas bien delgadas. De todos modos, y para ser honesto, ¡no hay australiano que sea capaz de esperarse tanto tiempo! En vez de eso, unos minutos antes de empezar a cocinar, esparce por la placa de cocción un poco de aceite vegetal y fríe las cebollas hasta que estén al dente. Que no se quemen, pero que queden bien doradas, así darán más sabor. Esparce por encima una pisca de pimienta.

La remolacha
¡Esencial! Una hamburguesa australiana con todo DEBE llevar rodajas de remolacha enlatada. Si tu hamburguesa no gotea ese jugo rojo fluorescente por todas partes y te mancha el traje de baño nuevo, entonces es que te has cocinado una burda copia de la auténtica australiana.

La piña
Crea casi tanta controversia como la remolacha. Una rodaja de piña enlatada es el aderezo de los pobres, aunque le añadirá un toque de dulzura y ligera acidez a tu hamburguesa. Solo tendrás dos opciones: o te encantará o la odiarás.

El tomate
No hay hamburguesa australiana con todo que pueda considerarse completa sin un par de rodajas de tomate. Si son delgaditas, mejor.

La lechuga
Con una hoja de lechuga iceberg fresca es suficiente para darle el crujido ideal.

El huevo frito
Un añadido que goza de gran popularidad. Deberá haberse freído, preferiblemente, solo por la parte de abajo para que, de este modo, la yema rebose por la hamburguesa al ejercer sobre ella la más mínima presión. Algunos prefieren colocar el huevo sobre la cebolla, pero a mí me gusta ponerla encima de todo para que el pan pueda absorber la yema.

¡Y ya la tienes! Una de las hamburguesas más grandes y deliciosas del mundo con las que, sin duda, te mancharás los dedos. Aunque algunos la llaman el mejor remedio contra la resaca, sea cual sea la ocasión, seguro que será la hamburguesa más interesante que jamás hayas probado en tu vida.

Escrito por Andrew Strikis


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