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Una visita a un spa debería ser algo infinitamente relajante. Lamentablemente, si somos sinceros, debemos reconocer que no todo lo relativo a un spa es tan relajante como debería. Tienes que programar las visitas, viajar hasta el spa, esperar en recepción, cambiarte, encontrar el camino y, volver a esperar. Afortunadamente para aquellos que no disponemos de todo el tiempo y dinero que desearíamos, pero que estamos desesperadamente necesitados de un descanso, crear nuestro spa de lujo en nuestro propio hogar es ahora tan fácil como llenar una bañera.

Tiempo de preparación

Una buena preparación es un aspecto básico, así que necesitarás trabajar un poquito para más tarde poder relajarte debidamente. Primero, selecciona un horario y márcalo en tu agenda como si hubieras reservado ese tiempo a algo realmente imprescindible.

Unos cuantos días antes, compra las provisiones, incluidos los productos de belleza y artículos de decoración que te ayuden a relajarte, como por ejemplo velas. El «lujo discreto» es el efecto que estás buscando, así que presta atención a lo que realmente te seduce y calma visualmente. Coloca botellas y frascos bonitos en una bandeja y ordénalos de manera agradable. A continuación saca del baño u oculta todo aquello que no necesites.

¿Te apetece hacer un poco de bricolaje? Compra los ingredientes para preparar y elaborar esponjas, máscaras faciales o bombas de baño caseras, lo cual te ayudará a ahorrar dinero y al planeta unos kilos más de embalaje y productos químicos. Las infusiones de agua rápidamente harán que sientas los mimos (y que te sientas también algunos años más joven), así que asegúrate de disponer siempre de un buen stock de hierbas, limones y pepinos. No olvides poner también algunas plantas en macetas; no solo alegran la vista sino que además te ayudarán a desestresarte.

¡Si no las tienes todavía, invierte en el color blanco! Nos referimos a las toallas esponjosas de buena calidad de hotel (aquí tienes una práctica guía para comprar toallas) y un albornoz de tacto suave para sentir el auténtico lujo en la piel.

Seguimos. No subestimes el poder de los aromas, así que usa el eucalipto, la lavanda, la menta o los aceites de esencias con un difusor o velas aromáticas para que el espacio huela a “aaaaah”.

Crea una lista de reproducción con todas tus melodías favoritas y, si no son lo tuyo, evita las canciones New Age. Deberían estar asociadas con spas, pero no con tu spa, si las flautas te ponen de los nervios.

Por último, obviamente, asegúrate de que tu baño esté impecablemente limpio y no contenga trastos de ningún tipo. Uno no puede sentir el zen con ropa sucia tirada por el suelo.

Modo spa: encendido

Tiempo en el spa = tiempo para mí = apaga el teléfono. Cierra la puerta con pasador en caso de que haya riesgo de que tus pequeños puedan entrar al baño. Pon música, enciende las velas y cuelga el albornoz sobre el radiador de la calefacción. Sírvete un vaso de infusión de agua (¡el vino también sirve!).

Mientras dejas que se vaya llenando el baño con agua caliente, llena también el lavamanos con agua todavía más caliente. Añádele unas gotitas del aceite aromático que más te guste y dale a tu rostro un baño de vapor para abrir los poros del cutis. Si lo prefieres, también puedes darte un baño de vapor envolviéndote la cara con toallas de mano calientes preparadas en una estufa de cocción lenta o bien colocando el rostro sobre una arrocera con unas pocas gotas de aceite aromático.

Humedécete la cara con agua caliente y, con la ayuda de una esponja exfoliadora para la cara, aplícate un masaje facial realizando movimientos circulares con las puntas de los dedos. Lávate la cara y retírate la mascarilla exfoliadora y, a continuación, aplícate una mascarilla facial y métete en el baño mientras dejas que el efecto de la mascarilla haga su curso. Una vez que hayas quedado bien empapada de tus sales y aceites de baño favoritos, aplícate un masaje exfoliador por todo el cuerpo, y sobre todo no te olvides de los pies.

El tiempo que pases en tu spa puede incluir una amplia variedad de tratamientos, como por ejemplo, la aplicación de un gel bajo los ojos, una mascarilla capilar, un baño de pies o una sesión de manicure/pedicure, todo ello acompañado del incentivo adicional de pasar un buen rato y relajarte de verdad. Absorbe los sonidos, olores y luces centelleantes de las velas. Respira hondo. Notarás que no cuesta tanto pasar de sentirse rendido a bendecido.

Bonus: para los locos por los spa

Si eres de los que siempre se dicen eso de «¡Podría quedarme a vivir aquí!» cuando vas a un spa, entonces deberías considerar la posibilidad de hacer uno en tu propio hogar. Especialmente si vives en una región con inviernos gélidos, tener un spa en casa es una muy buena manera de tener siempre a mano una sauna, un baño turco o un jacuzzi. En Internet encontrarás muchos manuales de bricolaje especialmente diseñados para que tú mismo puedas hacerte desde el spa más sencillo hasta el más sofisticado.


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